Hermoso por donde se lo mire

No hay dos sin tres.  Había sido 3-1 a principios de 2019, en casa ajena, un cimiento rumbo al título. Y el 9 de febrero de 2020, cómo olvidarlo, 1-0 en el Cilindro con nueve gladiadores, el gol del Chelo Díaz y su banana inmortal. Y este sábado 10 de abril, tercer triunfo al hilo en el clásico, habrá varios motivos para celebrar más allá de la obviedad.

Porque, aun con imperfecciones en su búsqueda, fue el único que asumió riesgos y se propuso la obtención de los tres puntos. ¿Faltó continuidad de juego? Sí. Demoró un tiempo en cercar a Independiente en los metros finales. También es verdad. Pero el segundo tiempo reivindicó la determinación, el coraje y la voluntad de torcer rumbos inciertos.

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La infracción de Barreto a Maggi que generó el penal (y la polémica) fue, en todo caso, la consecuencia de no tomar el empate como una recompensa satisfactoria. Porque Racing siguió recargando el ataque en los últimos cinco minutos, los agregados, y el tanto de Enzo Copetti llegó más allá de los 50 minutos. Debió haber sido bastante antes, por caso, en las tres ocasiones muy claras entre los 10 y los 16 del segundo período (un centro de Lovera que el ex Rafaela no llegó a empujar, un tiro libre de Chancalay que Álvarez sacó con mucho esfuerzo sobre el palo izquierdo y un cabezazo de Copetti pegado al poste derecho luego de un córner de Lovera. Muy atrás había quedado la chance, solitaria, de Independiente que Menéndez resolvió con imprecisión.

Racing se propuso ser ancho y profundo por dos razones: contener los avances de Independiente con sus jugadores abiertos y, directamente vinculado con lo anterior, aprovechar la dificultad en el retroceso que el rival tiene en las bandas. Porque sin volantes externos específicos, los dos puntas (Palacios y Menéndez) están obligados a un recorrido largo.

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La hipótesis a cargo de Juan Antonio Pizzi no estuvo desacertada y se verificó en parte, porque Racing penetró con Mena –más volante izquierdo que lateral, con Orban custodiando su zona natural- y con Chancalay y Cáceres por el otro andarivel. Racing tuvo aproximaciones, forzó a Independiente a jugar en su campo y preocupó con desbordes y centros. Pero esas ejecuciones no siempre resultaron precisas y, con la repetición, perdieron sorpresa, sobre todo porque Independiente se afirmó en sus tres centrales. Hubo otro inconveniente, que se repite: el equipo padece la ausencia de creación, de un juego fluido, apto para progresar con circulación que rompa esquemas cerrados. Entonces a la progresión lateral le faltó verticalidad –con rapidez- como combinación.

Racing terminó compensando con ímpetu, con velocidad e insistencia para desnivelar por afuera. Independiente se resignó con rapidez, algo que Racing siempre rechazó…

Fotos: Paola Lara

(Prensa Racing Club)

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