Sebastián Beccacece organizó y participó en un torneo de ajedrez con los juveniles de Casa Tita. Los chicos, que ya se habían entusiasmado con el juego durante el confinamiento en la etapa más severa de la pandemia, participaron activamente. El objetivo es más que una consigna: “Me dieron ganas porque soy de los que creen que aprender nos mejora como personas”, dijo el entrenador.

A Carlos Alcaraz le estaban por cantar el feliz cumpleaños en la Casa Tita Mattiussi cuando los ojos de Sebastián Beccacece se depositaron en un tablero de ajedrez.

-¿Y eso? ¿Alguno sabe jugar?

Le contestaron que sí, que Cristian, uno de los conserjes, les había enseñado a mover las piezas para matar el aburrimiento del encierro forzado por la pandemia. 

-Entonces armemos un torneo de todos contra todos. Y yo juego.

“Los cuadrados negros y llenos de latas retorcidas por el fuego, convertían en grandes tableros de ajedrez, a los lugares en donde antes se levantaban caseríos guajiros “, escribió el periodista Jorge Ricardo Masetti en su libro Los que luchan y los que lloran. José Masetti, su abuelo, se instaló en Avellaneda en 1880, se hizo hincha de Racing en los albores del Siglo XX y se volvió tesorero del club más o menos para cuando el equipo empezó a ganarlo todo. Durante muchas tardes de su infancia, Jorge se imaginó siendo el arquero de la Academia pero el sueño quedó trunco. Tiago Banega, el mediocampista entrerriano a quien el talento y el esfuerzo sí le permitieron llegar a Primera, no dudó ni un instante en anotarse: “Ya jugué con Sánchez y con Prado y les gané. Veremos con quién me toca la próxima fecha”. 

Imanol Segovia, Elías Machuca, Ignacio Galván y Luca Andrada también compiten delante del tablero. A todos los seduce los altos niveles de concentración que exige el juego. Son múltiples las voces que aseguran que el ajedrez y el fútbol tienen más en común de lo que parece a primera vista. El preparador físico catalán Gerard Pinies, por ejemplo, lo sintetizó en dos oraciones: “Tanto el fútbol como el ajedrez, por su propia estructura y funcionalidad, están caracterizados por la imprevisibilidad y la retroalimentación de todo lo que lleva integrado. Estamos hablando de juegos sistémicos de gran complejidad”. Beccacece, al que la aparición de Gambito de dama, la ficción estadounidense protagonizada por Anya Taylor-Joy que se volvió furor a través de Netflix, le desató un renovado interés por la materia, asegura que lo que más lo cautiva del juego es la posibilidad de anticipar las maniobras que va a ejecutar el adversario. 

En el arranque del campeonato, al entrenador de Racing le tocó enfrentar a Andrada. Con blancas y una botellita de agua a centímetros de su mano izquierda. Le hubiera encantado proponer una apertura a lo Beth Harmon, la estrella de la serie basada en la novela del escritor Walter Tevis. No pudo porque, si bien se las arregla delante del tablero, nunca estudió con la sistematicidad necesaria como para encadenar de memoria ese tipo de movimientos. Lo anota como una cuenta pendiente: “Me dieron ganas porque soy de los que creen que aprender nos mejora como personas. Y no me gusta ponerme ansioso cuando estoy cerca de ganar porque me faltan variantes para encontrar al jaque mate”. 

Más allá del espíritu competitivo con el que encara cada partida, lo que resalta a simple vista es la convicción de sembrar futuro puertas adentro de una institución a la que aprendió a querer poniendo el cuerpo en todos sus rincones. Y esa voluntad no tiene como único propósito que jóvenes surgidos del Tita Mattiussi pisen el Cilindro. Por eso, entre otras cosas, impulsó una jornada de trabajo voluntario en el predio de Pitágoras y Spurr. Diego Milito lo remarcó en una nota que publicada recientemente: “Pero si hay algo que destacar en un técnico así es que tiene un costado formativo increíble. Los entrenadores tienen que seguir formando aunque sea en primera división y él lo hace”.

Los lazos entre Racing y el ajedrez no son nuevos y están retratados en distintos documentos que preserva el Archivo Histórico: el torneo interno organizado en 1944 por la subcomisión presidida por Arnor Cola, el certamen por los 50 años de la fundación del club y los efusivos saludos de la Revista Racing a Carlos Bielicki, en su edición del 30 de diciembre de 1959, tras haberse consagrado campeón mundial juvenil en la ciudad suiza de Münchenstein. Hincha, socio y poseedor del título de Maestro Internacional, Bielicki probablemente nunca imaginó que Banega, autor de un gol clave ante Alianza Lima en Perú, iba a deslumbrarse por la dinámica de un enroque. 

Jorge Luis Borges, prócer de la literatura nacional, escribió un poema titulado Ajedrez que tira paredes con la escena de Gambito de dama en la que el Señor Shaibel, a mitad de camino entre la dureza y la ternura, y sin emitir sonido, le explica a Beth que a veces la vida cabe en el perímetro que delimitan los 64 casilleros. Dice así: “Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada/ reina, torre directa y peón ladino/ sobre lo negro y blanco del camino/ buscan y libran su batalla armada”. Si el ajedrez sirve para que alguna nueva idea circule entre los sueños de los pibes que cabalgan entre el hoy y el mañana, el campeonato inventado para sobrellevar mejor las horas de pandemia habrá cumplido su objetivo.

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(Racing Club)

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