Una tormenta perfecta

En un instante, en apenas cuatro minutos, entre los 23 y los 27 del segundo tiempo, el descalabro llegó sin anuncios. Porque en el arranque del segundo tiempo, con el ingreso de Moreno por Reniero, Racing había prolongado lo conseguido en los últimos diez del primer período: un mayor equilibrio y control en el mediocampo que alejaba a River de Arias y permitía mantener la esperanza, en tanto la diferencia en la chapa del 0-1 no aumentara, de una igualdad. Pero Enzo Pérez rompió líneas, la recuperación que ensayó Miranda derivó en un rebote que le cayó a Alavrez y, de ahí, nació el 0-2. Y luego llegaron dos goles más (25 y 27 minutos) y a los 35, se cerró una cuenta que se confeccionó en una ráfaga.

¿Acaso los cambios introducidos a los 20 minutos del complemento generaron un efecto adverso? Parece arriesgado afirmarlo, porque con Piatti por Rojas hubo un enroque de volante ofensivo. Y con Cvitanich por Nery Domínguez se buscó acompañar a Copetti adelante y que Chancalay retomara su posición entre los volantes. Más allá de hipótesis, Racing hizo lo indebido: perdió la compostura y quedó desprotegido ante un rival que, está visto, no se apiada ante circunstancias semejantes.

En el mismo inicio, Racing se propuso llevar el juego a campo ajeno, lejos de Arias, con algunos ejes tácticos, como una defensa alta, los laterales cerca de la zona media para compensar la disposición usual de River (Casco y Angileri como laterales-volantes) y una organización compacta. Pero así como de inmediato, apenas pasado el primer minuto, se produjo la primera ocasión favorable, con un zurdazo de Rojas que Armani echó al córner, también con rapidez empezó a diluirse aquella imagen, que recién se recompuso luego del 0-1.

Porque River tomó la pelota, la movió a lo ancho para encontrar descarga profunda y, sobre todo, porque aprovechó un defecto de Racing, al que le costó cerrar y reducir los espacios detrás de los volantes, sobre todo porque a los medios les costaba transformar la zona en algo compacto. A eso se añadió la tendencia a buscar a Copetti y Reniero con lanzamientos largos sin que los mediocampistas llegaran en apoyo para la segunda jugada.

Aunque River ya había exigido dos veces con Suárez (una mal definida y otra, con notable tapada de Arias), la defensa se levantaba como una garantía, con cierres coordinados e imponiéndose en los duelos individuales. De hecho, la desventaja no fue con maniobra dinámica sino, paradójicamente, con pelota detenida. En uno de los pocos mano a mano sin suceso, Borré se le fue a Nery Domínguez y su cabezazo le puso red al córner servido por De la Cruz.

La necesidad de igualar funcionó como estímulo y, en dos chances, Racing pudo haberlo logrado: en la primera, Armani sacó arriba un zurdazo de Fabricio Domínguez y, en la otra, un disparo de Chancalay se encontró con el poste derecho para el festejo frustrado. La esperanza de pelear mano a mano fue un hecho cierto entre los 35 minutos del primer tiempo y los 22 del segundo. Luego llegó un vendaval inesperado que dejó sumergida la ilusión de Copa.

(Prensa Racing Club)

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