Tucho Méndez, un jugador de película

Norberto Méndez fue uno de los mayores talentos que le dieron jerarquía a Racing y al fútbol argentino: tricampeón entre 1949 y 1951, también lo fue en la Copa América, de que la sigue siendo máximo goleador. También la rompió como actor en un filme con Alfredo Di Stéfano y Mario Boyé.

En una baldosa era capaz de fabricar toda la magia del mundo. Podía poner en ejecución numerosos recursos en procura de la maniobra única: una gambeta, un amago, una pausa, un cambio ritmo, siempre con la pelota como aliada. En ridículo los adversarios, envueltos en sonrisas los compañeros, terremotos de aplausos caídos desde las tribunas. Así, así de simple y así de bien, jugaba al fútbol Norberto Doroteo Méndez, talento enorme que llegó a Racing en 1948, proveniente de Huracán, junto a Juan Carlos Salvini y a Llamil Simes, para devolver al club a los primeros planos de la competencia. Y tan bien le fue que salió campeón de manera consecutiva en 1949, en 1950 y en 1951.

Tucho, apodo con el que se lo conocía en el ambiente del fútbol, había nacido en el barrio porteño de Pompeya el 5 de enero de 1923. Se había criado con una dosis de arrabal, con la facha del galán y con el tango en los oídos. Lo de la pinta no es cuento: en 1949, un año después de su incorporación a la Academia, fue coprotagonista de la película con Los mismos colores, en la que también participaron Alfredo Di Stéfano y Mario Boyé (otra gloria que en 1950 se sumaría a Racing) y fue un éxito de taquilla. Tucho siempre se rodeaba bien: el filme tuvo la dirección de Carlos Torres Ríos (tío de Leopoldo Torres Nilsson), música de Astor Piazzolla y guión de Borocotó…

Méndez debutó en Primera en el cuadro de Parque Patricios y su gran nivel hizo que la Academia depositara los ojos en él. Se quedó en Avellaneda hasta 1954 y, en total, disputó 128 partidos oficiales y convirtió 47 goles. Pasó también por Tigre y cerró su magnífica carrera en Huracán.

Con la Selección, ganó los Campeonatos Sudamericanos de 1945, de 1946 y de 1947. Es, junto al brasilero Zizinho, el máximo goleador histórico de ese torneo con 17 conquistas. Las lesiones le jugaron una mala pasada y debió abandonar al fútbol cuando todavía tenía cosas para dar. “Huracán fue mi novia; Racing, mi mujer; y la Selección, mi amante”, dijo alguna vez en una entrevista. En los tres lados se lo recuerda con gran cariño por las alegrías que generó con tanto talento.

Un día como hoy pero de 1998, Méndez falleció a los 75 años de edad y su partida física llenó de tristeza a todo el mundo académico. Pero como pasa con los apellidos que trascienden el tiempo y se transforman en leyenda con el paso de las generaciones, él permanece y permanecerá por siempre presente en Racing Club. Es lo que se ha ganado. Y al cumplirse un nuevo aniversario de su muerte, desde la institución se le rinde un más que merecido y sincero homenaje resumido en pocas palabras: gracias eternas, Tucho. (Prensa Racing Club) 

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