El Madrid conquista Lleida para asentar su liderato en una fecha para el recuerdo

Hoy no es un día cualquiera para el madridismo. Justo cuando se cumplen 58 años exactos de aquel 24 de marzo de 1968 en el que el Real Madrid levantaba su décima Liga, el equipo actual ha querido rendir su particular homenaje en la pista. Los blancos han asaltado el Barris Nord, imponiéndose al Hiopos Lleida por 84 a 95 ante algo más de seis mil espectadores. Esta victoria vital, dirigida por el trío arbitral Conde, Castillo y Ríos, sirve de bálsamo para lamerse las recientes heridas europeas y permite a los de la capital plantarse en la Copa del Rey mandando en solitario en la tabla de la Liga ACB.

Arranque fulgurante y susto local El guion del encuentro pareció escribirse solo durante los compases iniciales. Los hombres de Chus Mateo saltaron al parqué con una marcha más y apenas había transcurrido un minuto cuando ya mandaban por siete puntos, apoyados en el inmenso poderío de Edy Tavares bajo los aros y el acierto exterior de Abalde. Corey Walden intentó apagar el incendio rápido con dos triples casi consecutivos para los locales. La maquinaria ofensiva visitante, sin embargo, funcionaba a pleno rendimiento. Un parcial demoledor de 5-19 disparó la renta madridista hasta los catorce puntos a falta de dos minutos para cerrar el primer acto, presagiando otra noche aciaga para los de Gerard Encuentra.

Pero el equipo burdeos demostró tener mucho orgullo. Bozic, Hamilton y un triple salvador de Muric revitalizaron por completo a los leridanos, que dieron un paso al frente en labores defensivas. Kenny Hasbrouck, reapareciendo tras su lesión, clavó un triple sobre la bocina para meter a los suyos de lleno en el partido y dejar el marcador en un ajustado 21-28 al término de los primeros diez minutos.

Rebelión en el Barris Nord y la jerarquía de Hezonja La inercia positiva del Lleida se desató por completo en el segundo periodo, pasando literalmente por encima del líder durante varios minutos. Johnny Hamilton y, sobre todo, un magistral Keye Van der Vuurst comenzaron a hacer verdaderos estragos. El base neerlandés repartía juego a su antojo y un gran pase suyo encontró a Bozic para culminar la remontada, poniendo a los locales por delante por primera vez en toda la noche (33-32, min. 16).

Fue en ese preciso instante cuando el Madrid le vio las orejas al lobo. Un arreón de casta, sostenido por los triples de un estelar Mario Hezonja y la dirección de Facundo Campazzo, devolvió el control a los visitantes con un duro parcial de 4-14 antes de irse a los vestuarios (37-46). En la reanudación, la vieja guardia hizo acto de presencia. Sergio Llull sumó cinco puntos rápidos para estirar la goma hasta el 42-52, marcando el camino hacia una victoria definitiva que se fraguó sabiendo sufrir en el último cuarto. Hezonja brilló con luz propia al firmar 22 puntos y 32 de valoración, mientras que Van der Vuurst fue el gran faro local con 12 puntos y 10 asistencias. El desgaste pasó factura al Lleida, que acabó perdiendo por faltas a Pierre Oriola y al propio Van der Vuurst en los compases finales, quedando hundido en la zona baja con una sola victoria en sus últimos ocho compromisos.

La herencia de una época dorada Curiosamente, la autoridad mostrada hoy para amarrar el liderato evoca de forma directa a aquel conjunto legendario dirigido por Pedro Ferrándiz hace casi seis décadas. Aquel 24 de marzo de 1968, el Real Madrid cantaba el alirón a domicilio frente al Picadero (48-53), asegurando matemáticamente el título cuando aún restaban dos jornadas por disputarse. Era la décima Liga en las doce primeras ediciones del torneo, coronando una temporada histórica en la que también conquistarían su cuarta Copa de Europa. En aquella competición de once equipos, el dominio blanco fue absoluto con 18 victorias en 20 partidos, sacando dos triunfos de ventaja a Estudiantes y Joventut. Si esta noche Hezonja o Campazzo han asumido los galones, en aquella época el indiscutible rey del aro era Clifford Luyk, máximo anotador del torneo con 486 puntos y una media de 24,3 por encuentro. Hoy, 58 años después de aquella gesta, la historia de hegemonía blanca sigue añadiendo nuevos capítulos a su libro.