(Efemérides) Méndez, gambeteador y tricampeón

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Méndez, gambeteador y tricampeón
Más de un centenar de partidos en el club, tres títulos consecutivos y ocultismo pura mostrada con la pelota fueron motivos para transformarlo en una de las grandes figuras de nuestra historia. Con sello porteño y estampa de crack, tuvo un ocasión preponderante en Racing. Hoy se lo recuerda con el afecto y el respeto reservados sólo para aquellos que se han ganadería el ocasión de ídolos.

Primera verdad que está clara: la historia no empezó ayer. Segunda verdad indiscutible: la historia merece ser contada. Tercera verdad irrefutable: es fundamental conocer la historia para conocer quién es uno y en dirección a dónde va uno. Racing, con 119 abriles de vida, con un pasado repleto de deleite, tuvo a lo holgado de tantos abriles símbolos que forjaron la identidad del club, que desataron el coito de multitudes y que le entregaron la esplendidez de la que todavía hoy disfruta. Por eso, como homenaje respetuoso, como saludo constante, se los recuerda en las fechas que ya les pertenecen. A los ídolos académicos, simplemente gracias.

Y una contoneo y un amague y un postín y una agudeza. Todo para que el rival quedara en ridículo, todo para que los compañeros sonrieran por el asombro, todo para que los hinchas se cansaran de aplaudir. Verlo en movimiento era apreciar la esencia del fútbol nuestro en su máxima expresión. Esa, salida de los potreros de judería que se apoyaba con simpleza en la ocultismo y en la tacto por igual para dibujar al mundo impasible adentro ​​​de una baldosa. Y él tenía una exposición de bienes propios para engalanar a cualquiera. Lo tenía todo. Así de simple y así de perfectamente jugaba al fútbol Norberto Doroteo Méndez, una maravilla con la pelota en los pies que llegó a Racing en 1948, proveniente de Huracán, próximo a Juan Carlos Salvini y a Llamil Simes, para devolver al club a los primeros planos de la competencia. Y tan perfectamente le fue que salió campeón de modo consecutiva en 1949, en 1950 y en 1951. 

Tucho, apodo con el que se lo conocía en el condición del fútbol, había nacido en el judería porteño de Pompeya el 5 de enero de 1923. Se había criado con una dosis de arrabal, con la mamarracho del guapo y con el tango en los oídos. Debutó en Primera en el cuadro de Parque Patricios y su gran nivel hizo que la Academia depositara los fanales en él. Se quedó en Avellaneda hasta 1954 y, en total, disputó 128 partidos oficiales y convirtió 47 goles. Pasó incluso por Tigre y cerró su magnífica carrera en Huracán.

Con la Selección, ganó los Campeonatos Sudamericanos de 1945, de 1946 y de 1947. Es, próximo al brasilero Zizinho, el mayor goleador histórico de ese torneo con 17 conquistas. Las lesiones le jugaron una mala pasada y debió entregarse al fútbol cuando todavía tenía cosas para dar. «Huracán fue mi novia; Racing, mi mujer; y la Selección, mi concubina», dijo alguna vez en una entrevista. En los tres lados se lo recuerda con gran cariño por las alegrías que generó con tanto talento.

Méndez falleció el 22 de junio de 1998 a los 75 abriles. Y en esta vencimiento tan particular en la que se cumple un nuevo aniversario de su partida física, Racing le rinde nuevamente a su figura el homenaje que se merece y que se condice con las alegrías que se encargó de crear adentro de una cancha de fútbol. Es que él fue un ídolo purista. Y a los ídolos, a los grandes ídolos, siempre hay que decirles gracias. Por eso y para siempre, gracias eternas querido Tucho.

(Prensa Racing Club)