Pieza clave en la fundación del club. Llegó al club de la mano de Pedro, su hermano mayor y uno de los que participaron en el nacimiento institucional racinguista. Jugó en el glorioso equipo que se ganó el mote de “La Academia” y que revolucionó el fútbol argentino en la segunda década del siglo XX. En este domingo lo recordamos una vez más como una referencia ineludible de nuestra historia.

 

Nuestra historia no empezó ayer y por lo tanto merece ser contada. Para saber quién es uno y hacia dónde va uno es fundamental conocer su propia historia; en especial cuando es tan rica y gloriosa como la de Racing. Y nuestra institución, con 117 años de vida, posee un pasado repleto de gloria, que tuvo a lo largo de tantos años a símbolos que forjaron la identidad colectiva del club, que desataron el amor de multitudes y que le entregaron la grandeza de la que todavía hoy disfruta. Por eso, como homenaje respetuoso y como saludo eterno, se los recuerda en las fechas que ya les pertenecen. A los ídolos académicos, simplemente gracias.

Cuando aceleraba por la banda a toda velocidad, la hinchada se paraba para tratar de seguir con los ojos sus movimientos inesperados. No resultaba nada sencillo porque Juan Eduardo Viazzi, que arribó a Racing en 1908, era un rayo contra la raya que encandilaba cada vez que encaraba en el mano a mano contra los defensores rivales. Nacido en 1892 en la zona sur del conurbano bonaerense, se incorporó al club gracias a la invitación de Pedro Viazzi, su hermano mayor y pieza importante en el proceso de fundación de la institución. Su amor por los colores lo llevó a construir su vida muy cerca de la camiseta celeste y blanca.

Sostiene la leyenda racinguista que este wing habilidoso formó parte de la Cuarta de Fierro que consiguió rendimientos inolvidables en 1910. Ya en 1911 y en 1912 empezó a alternar en Tercera, en Intermedia y en Segunda. Su arribo al primer equipo ocurrió en 1913, justo cuando se inició el maravilloso ciclo del heptacampeonato. Más allá de sus indiscutibles condiciones, le costó ganarse la titularidad porque aquel conjunto contaba con jugadores fantásticos que nunca abandonaban el once inicial. Por lo tanto, se turnó con Zoilo Canaveri y con Nicolás Vivaldo para acompañar a Juan Ohaco, a los hermanos Juan y Natalio Perinetti y a Alberto Marcovecchio.

Paulatinamente, a partir de 1918, se fue alejando de la pelota para acercarse a la administración del club. Aunque continuó jugando en Veteranos durante varios años, su principal labor estuvo asociada a su cargo como protesorero de la Comisión Directiva. En el arranque de la era profesional, colaboró con el pasaje a una etapa distinta en el manejo de este deporte, algo que volvió a hacer entre 1939 y 1943. 

El 13 de septiembre de 1950, diez días después de que el Cilindro abriera sus puertas, Viazzi falleció a los 58 años de edad en su querida ciudad de Avellaneda y dejó un imborrable recuerdo en el club. Son pocos los casos en la historia de personas que ocuparon de gran manera varios lugares en una misma institución. Por eso la Academia brinda este homenaje. Ayer, hoy y siempre. Porque referirse a él es referirse a nuestra historia. Y eso nunca perderá su vigencia.

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(Racing Club)

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