De la Academia por donde se lo mire: nacido en Avellaneda y surgido de las inferiores del club, brilló en la Primera durante la gloriosa etapa del heptacampeonato y no conforme con eso, luego de retirarse de la máxima categoría se puso la casaca del club en el equipo de Veteranos y también fue entrenador. Todo un símbolo.

Nunca está de más el recordar el siguiente detalle que no es para nada menor: Racing Club cuenta en su haber con 117 años de vida de una riquísima historia y un pasado repleto de gloria. Y como eso ya es sabido, es también irrefutable el hecho de que luego de tantas jornadas a lo largo del tiempo fueron construidas por una larga lista de galería de símbolos que forjaron la identidad del club, desataron el amor de multitudes y le entregaron a nuestra institución la grandeza de la que todavía hoy disfruta. Nuestra historia no empezó ayer y merece ser contada, ya que es fundamental conocerla para saber quienes somos y hacia dónde vamos. Por eso, como homenaje respetuoso y como saludo eterno, se recuerda a éstos grandes en las fechas que ya les pertenecen. A los ídolos académicos, simplemente gracias. Ayer, hoy y siempre.

Ese bebé que nació el 28 de octubre de 1893 en Avellaneda no sabía que con los años se transformaría en El Negro y en uno de los baluartes del sensacional y legendario heptacampeón del fútbol argentino. Ese niñito que fue creciendo mientras se fundaban muchísimos clubes en el país no sabía, más allá de que le gustaba imaginárselo, que con los años se volvería un defensor férreo, corpulento y aguerrido. Ese muchacho, llamado Armando Reyes, que en 1910 comandaba desde la zaga a la Cuarta de Racing no tenía idea, aunque sí el deseo, de que se retiraría en 1929 jugando para los Veteranos del club. Con el paso de los años y de las generaciones su figura se transformó en todo un símbolo de aquello que representa el ser de Racing. Y aún en nuestros días el recuerdo de su estampa futbolística así como también su sentimiento de amor genuino por el club se mantienen como valores inalterables y vigentes.  

En su pico máximo de rendimiento, fue figura. Ya en 1910 dio sus primeros pasos en Primera y, a partir de ahí, se ganó merecidamente un lugar en el conjunto académico que conquistó de manera consecutiva los campeonatos locales de 1913, de 1914, de 1915, de 1915, de 1916, de 1917, de 1918 y de 1919. Cuentan las leyendas de la época que para los rivales era un escollo dificilísimo de superar y que para sus compañeros era una garantía de seguridad que les permitía ir constantemente al ataque. Saturnino Ochoa, Robertino Castagnola y José Seminario fueron sus mejores socios para custodiar la valla propia.

A excepción de algún encuentro amistoso, como el que disputó junto al arquero Marcos Croce para Gath y Chaves el 8 de octubre de 1918, Reyes vistió siempre la camiseta celeste y blanca porque la Academia era su gran pasión. Debido a sus actuaciones notables, disputó 15 partidos con la Selección y fue el futbolista académico con más presencias en el conjunto nacional durante la época amateur. Una vez retirado de las canchas, fue entrenador en el club en los principios de la década de 1930. 

Falleció un 8 de septiembre de 1954 y dejó por siempre grabado en la memoria colectiva de nuestra institución un recuerdo que permanece intacto y vigente. Es por eso que Racing Club encarga una vez más de dejar en claro quien fue Armando Reyes: ni más ni menos que un académico de ley y un campeón formidable que se merece este homenaje de parte del club al que tanto amó.

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(Racing Club)

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