Reinaldo Merlo y Claudio Úbeda evocan, para la web oficial, el título del Apertura 2001, un logro permanente en la historia del club por un valor que supera lo simbólico. “Fue un ejemplo colectivo por todo lo que ese equipo transmitía”, dijo Mostaza. Y el Sifón convalidó: “Todo el trabajo se vio reflejado en el resultado final”.

Reinaldo Merlo lo recuerda paso a paso. ¿Acaso hay otra manera de hacerlo? Mostaza, cuando viaja a agosto de 2001, no necesita el De Lorean ni al Doc Brown. Memoria vigente, cuenta que su primera impresión -la que vale- en el debut ante Argentinos en el Cilindro, le provocó una confusión temporal. 

-¿Cuántos minutos van Polaco?

-Casi media hora, Mostaza.

La respuesta de René Daulte, ayudante (un hermano) del DT, le provocó sorpresa. Tal era el vértigo del equipo para atacar y dominar a su rival que Mostaza se animó a un vaticinio que, después, sería confesión. “Me impresionaron el ritmo y la presión que el equipo había logrado. Entonces le dije al Polaco: ‘Si somos capaces de hacerlo en la mayor parte del torneo, podremos pelearlo y hasta salir campeones”.

Merlo registra con fidelidad aquel suceso, obra paciente que modeló con un plantel nuevo, con muchas incorporaciones respecto del que había tomado en enero de aquel año. “Trabajamos mucho y no fue fácil porque debimos ensamblar una cantidad importante de jugadores. Un conflicto de AFA con Agremiados postergó el inicio y eso nos vino bien para sumar días de entrenamiento. Cuando arrancamos, el equipo enseguida agarró la idea y la manera que buscábamos. Tuvimos un rendimiento bárbaro, con picos altos. Y sólo perdimos un partido con el Boca de Bianchi con un Riquelme tremendo”, señala.  

Merlo es estatua viviente y bien merecida la tiene. Porque fue símbolo, conductor, orfebre y, también, terapeuta cuando la definición exigía templanza y convicción. “La gente de Racing nunca de deja de darme su cariño y de agradecerme por eso que fue histórico. Ese equipo logró algo que parecía imposible y que estará siempre en el recuerdo de todos, por su significado, por lo que transmitía y, también, por una situación en el país que hace imposible olvidarlo”.

Claudio Úbeda, capitán y voz, tiene mucho para aportar. Los 19 años le brinda una perspectiva que abarca a la institución. Y lo explica: “Yo represento todo aquello con un mapamundi dividido en hemisferio Norte y Sur. Aquel título del Apertura 2001 equivalió a trazar un paralelo que marca un antes y un después… Hasta ese momento, en Racing habían prevalecido los hechos negativos, algunas cuestiones institucionales graves que por supuesto influían en lo deportivo, más allá de que en el período en el que me tocó estar tuvimos momentos específicos muy buenos, como la campaña en el Apertura 95, las semifinales de la Copa Libertadores 1997 y el equipo de Angel Cappa en 1998. En general, fueron momentos tumultuosos y conflictivos, que terminaron en aquellos días muy complicados que todos recordamos con la quiebra del club. Ese 27 de diciembre nos cambió la vida a todos los que tuvimos la suerte de poder ser protagonistas, en un contexto –además- de una gran crisis política y social en la Argentina. Parecía que nosotros estábamos abstraídos de esa situación. Me quedan recuerdos imborrables de aquellos momentos, siempre los menciono cuando llega esta fecha… Ver la Autopista 25 de Mayo reventada de autos de los dos lados del peaje, porque estaban los que iban a cancha de Vélez y los que iban al Cilindro a ver el partido en pantalla gigante, el momento en que paramos y la gente se bajó de los autos para alentarnos; me acuerdo de mi viejo y mi suegro en la cancha, del cabezazo del Flaco Loeschbor para el 1-0, los ocho minutos finales cuando Vélez nos empató, el festejo eterno, porque será eterno en nuestra memoria. Y cuando la memoria se abre aparecen también la victoria contra Estudiantes en La Plata, cuando dimos vuelta un 0-2, el empate con River que nos dejó a la puerta del campeonato, las palabras de Mostaza luego del 0-0 con Banfield, cuando dejó el ‘paso a paso’ y dijo que íbamos a salir campeones”.

Úbeda identifica el gen colectivo con exactitud. Para el Sifón “éramos un grupo de guerreros en el que tal vez no sobraba lujos, pero estábamos decididos a salir campeones para romper la racha de 35 años sin títulos locales y quedar en la historia del club. Y así fue y por eso forjamos una relación que, hoy en día, la mayoría mantenemos. Eso es algo hermoso… Siento un orgullo permanente por haber sido el capitán de ese equipo. Y qué decir de Mostaza, que fue nuestro técnico, nuestro emblema, el que descomprimía la presión que crecía a medida que avanzaba el torneo, el que nos protegía y nos cuidaba. El trabajo en equipo se vio reflejado en el resultado final”.

En la conclusión retoma la idea de una cadena virtuosa cuyo primer eslabón renueva su carácter fundacional porque “no parecen haber pasado 19 años. No tengo dudas de que ese título fue un quiebre porque el club dejó de involucionar y empezó a evolucionar. Fue el primer paso que, con el tiempo, nos trajo a esta actualidad de crecimiento en lo deportivo, lo institucional y en la infraestructura. Todo va de la mano y todos estamos alineados en lo que queremos para el club”.

 

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(Racing Club)

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