Hoy el pueblo académico vuelve a recordar con júbilo el momento deportivo más glorioso de sus 117 años de vida. Un 4 de noviembre pero de 1967 Racing se consagró en el Estadio Centenario de Uruguay como el mejor equipo del planeta. Un zurdazo inmortal con el sello mágico del Chango Cárdenas le dio al maravilloso equipo dirigido por Juan José Pizzuti el título de Campeón del Mundo ante el Celtic de Escocia. A 53 años de aquella gesta única, que le dio al país su primer Título Intercontinental, la institución conmemora con orgullo mayúsculo un momento que será recordado por siempre.

Una vez, dos veces, tres, diez, cien, mil. La jugada es infinita. Pero el final es siempre el mismo. Ese que abre las puertas del olimpo futbolístico cada vez que la pelota cruza la línea de gol. Ese que congregó a todo un país haciendo fuerza por un equipo que logró erigirse en la cima del fútbol mundial. Ese que será siendo siempre visto y recordado como el momento más glorioso de toda la historia deportiva de Racing Club: la pelota sale hacia lado derecho del arco defendido por Fallon tras el impacto de la pierna zurda de Juan Carlos Cárdenas y viaja en silencio con un vuelo parabolesco hacia el ángulo izquierdo de la red, para transformarse nada más y nada menos que en el gol del Campeón del Mundo. Sí, Racing Campeón Mundial. Ese 24 de noviembre en Montevideo. Este 24 de noviembre en Avellaneda y a lo largo del planeta. Ayer, hoy, mañana y siempre. Para festejar y sentir ese orgullo propio que nos hace formar parte de la historia. Una vez, dos veces, tres, diez, cien, mil.   

El Equipo de José siempre iba por todo. Ya había ganado el título en 1966 y la Copa Libertadores un par de meses antes. Primero, hubo viaje a Escocia para abrir la serie. El partido se disputó el 18 de octubre en el Hampden Park. Los locales fueron superiores al conjunto de Avellaneda y ganaron por 1 a 0. William McNeil, de cabeza, a los 24 del segundo tiempo, convirtió el único tanto de esa cita inicial. La revancha se jugó el 1 de noviembre en el Cilindro. Fue un duelo difícil, parejo y peleado en el que Racing debió mostrar agallas para mantenerse con vida. Celtic abrió la cuenta a los 21 de la primera parte desde los doce pasos. Antes del descanso, Norberto Raffo empató y sembró la esperanza en el Estadio Presidente Perón. Cárdenas, en el arranque del complemento, convirtió el segundo y obligó a definir la historia en Uruguay.

El árbitro Rodolfo Pérez Osorio esperó la salida de los equipos en el Estadio Centenario sin saber que se le vendría un desarrollo repleto de polémicas. Los once de la Academia comandada de manera magistral por Juan José Pizzuti fueron entonces Agustín Cejas, Oscar Martín, Roberto Perfumo, Nelson Chabay, Juan José Rodríguez, Juan Carlos Rullo, Humberto Maschio, Joao Cardoso, Cárdenas y Raffo. Enfrente, estuvieron Fallon, Jim Craig, Tommy Gemmell, Bobby Murdoch, McNeil, John Clark, Jimmy Johnstone, Bobby Lennox, William Wallace, Robert Auld y John Hughes. Las reiteradas fricciones arrojaron un saldo de cinco expulsados: Basile y Rulli, por el lado racinguista; y Lennox, Johnstone y Hughes, por los europeos. Según cuentan las crónicas de la época, el encuentro fue trabado y con pocas posibilidades en las áreas. El gol del Chango, a los 10 de la segunda mitad, destrabó el cero y fue suficiente para garantizar la victoria argentina.

Juan José Pizzuti, el ideólogo de esta gesta y un hombre que ya inclusive antes de este título era un ídolo total en el club, recibió todos los honores por haber construido un conjunto irrepetible. Los nombres que hicieron posible la conquista del planeta fueron Cejas, Perfumo, Martín, Basile, Rulli, Cárdenas, Raffo, Maschio, Rodríguez, Cardoso, Chabay, Mori, Rubén Díaz, Jaime Martinoli, Fernando Parenti, Néstor Rambert, Antonio Spilinga,  Antonio Manillo, Rodolfo Vilanoba, Luis Carrizo y Oscar Cáceres. Cada cual a su medida colaboró para que la grandeza del club diera un salto de calidad determinante.

A 53 años de este logro irrepetible, el recuerdo, el cariño y el orgullo permanecen intactos e inalterables para todos aquellos que llevaron a la institución a la conquista de la gesta más destacada de su historia. La gloria será eterna entonces para estos señores, al igual que para todo Racing Club; el Primer Campeón del Mundo surgido de estas tierras. De Avellaneda a la cima del planeta. Desde hace más de medio siglo, ahora y para siempre. Porque así es la gloria: eterna y inmutable. Como ese zurdazo mágico transformado en la alegría perpetua de todo el pueblo académico.

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(Racing Club)

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