Figura destacada del club durante la gloriosa época del heptacampeonato, su aporte en el ataque fue fundamental para que Racing lograra la epopeya insuperable de conseguir siete títulos de manera consecutiva. Por eso hoy desde la Academia se lo recuerda una vez más.

Nuestra historia no empezó ayer y por lo tanto merece ser contada. Para saber quién es uno y hacia dónde va uno es fundamental conocer su propia historia; en especial cuando es tan rica y gloriosa como la de Racing. Y nuestra institución, con 117 años de vida, posee un pasado repleto de gloria, que tuvo a lo largo de tantos años a símbolos que forjaron la identidad colectiva del club, que desataron el amor de multitudes y que le entregaron la grandeza de la que todavía hoy disfruta. Por eso, como homenaje respetuoso y como saludo eterno, se los recuerda en las fechas que ya les pertenecen. A los ídolos académicos, simplemente gracias.

No solamente mostraba todos los fines de semana una capacidad asombrosa para dejar rivales en el camino. No solamente exponía los domingos una contundencia notable frente a la red que le permitió convertir 99 goles con la camiseta de sus amores. No solamente tenía una generosidad grandiosa para desbordar hasta la raya de fondo y enviar centros precisos en busca de las cabezas de sus compañeros. No. Además, Juan Nelusco Perinetti, crack de la banda izquierda nacido en 1891, emblema del equipo que logró los títulos nacionales entre 1913 y 1919, tenía la particularidad de sacar a relucir su sentimiento de hincha cuando los resultados no eran favorables. ¿Y qué hacía? Se ponía a llorar. Así, como suena, directamente, sin preámbulos. Cuentan las leyendas de aquel entonces que las lágrimas ante las derrotas le valieron el apodo de El Llorón. 

Perinetti fue algo más que un hombre sensible ante la adversidad. Mucho más. Fue el socio ideal de artilleros de la talla de Pablo Frers, de Emilio Firpo, de Juan Hospital y de Santiago Sayanes. Fue un futbolista al que también se conoció como La parábola del gol y que jugó hasta 1927 en Racing, en la categoría de Veteranos. En 1917, en 1918 y en 1919, los últimos tres años de la gloriosa serie de consagraciones consecutivas, compartió la ofensiva académica con Natalio, uno de sus cuatro hermanos. También jugó algún encuentro con Carlos, otro de los componentes de la zaga de los Perinetti. Pero eso no fue todo porque también disputó alrededor de 25 partidos con la Selección y alcanzó altos niveles de reconocimiento en la sociedad futbolera de la época. 

Veloz y atrevido a la hora de encarar para el arco contrario, su estampa era un lujo del que gozaban los que se ubican en las tribunas laterales para ser espectadores de los constantes destellos de talento de un wing que consiguió en el club, nada más ni nada menos, 19 trofeos: siete de campeonatos nacionales, cuatro Copas de Honor MCBA, una Copa Cousenier, cinco Copas Ibarguren y dos Copas Aldao. 

El 31 de julio de 1957, Perinetti falleció dejando una tristeza grande en el corazón de los hinchas académicos. Y este viernes en que se cumplen 63 años de su partida física, Racing lo recuerda una vez más para que nadie se olvide de este fenómeno de la pelota y de los sentimientos. Con los ídolos es justo mantener ese recuerdo. Siempre.

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(Racing Club)

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