Recién en el cierre del partido y luego de un dominio absoluto en el primer tiempo (con penal fallado incluido), Racing le ganó 2-0 a Alianza Lima con goles de Banega y Garré. Quedó en el umbral de la clasificación a octavos y, también, con chances de recuperar el primer puesto del grupo F de la Copa Conmebol Libertadores. El miércoles próximo buscará ambas cosas en Montevideo, ante Nacional.

Tardó, se produjo cuando el empate hasta sonaba a consuelo. Sin embargo, aquello que debió haber sido una consecuencia de un trabajo colectivo notable en el primer tiempo, se obtuvo en los dos últimos minutos. Fue con ímpetu, con la voluntad de volver con tres puntos que dejan a Racing en el umbral de octavos de final. Tiago Banega, veloz para aparecer como punta y meterla arriba, y Benjamín Garré, sutil para recibir la asistencia de Cvitanich y definir con rebote incluido, hicieron lo que correspondía… Pibes con actitudes responsables, fueron variantes que ensayó Sebastián Beccacece en procura de conseguir lo que a Racing se le negaba de manera insólita.

Si hace casi una semana, el primer tiempo ante Nacional provocó entusiasmo, este de anoche en Lima renovó la satisfacción por el juego, la determinación, la convicción y la aplicación a un sistema que funciona, que fluye con los pases -jamás pelotazos- de Sigali y Domínguez, con la distribución en la que se alternan Miranda y Díaz, con las apariciones de Lolo, recto y veloz para romper por donde menos se lo espera, con la amplitud y profundidad de los extremos y, en esta presentación en Perú, con la revelación de un Melgarejo con doble capacidad: la de pararse como interno para sumarse a la red de recuperación y la de proyectarse como un segunda punta cerca de Reniero.

Pero esa armonía colectiva que redujo a la nada a Alianza Lima expuso costuras desprolijas porque, también como ocurrió en el regreso a la competencia frente a los uruguayos, la eficacia fue mal de ausencia. Entonces, si a una construcción ejemplar le falta el detalle indispensable de la terminación, la zozobra no se despeja. El primer tiempo en Lima tuvo de todo menos gol: un cabezazo en el travesaño, ya en el inicio, a cargo de Fértoli; un penal de Reniero atajado por Butrón (la maniobra previa, con la pared entre Nico y Melgarejo, con descarga de taco, fue exquisita); un par de remates más del Rayo cerca de los palos y un zurdazo de Melgarejo que reventó el ángulo superior derecho representaron motivos de incredulidad: ¿era acaso posible que Racing no acabara goleando esos primeros 45 minutos?

Y, para establecer otra afinidad, el déjà vu contra Nacional se insinuó en la segunda parte, pero recargado. Porque si bien Racing volvió a marcar el rumbo y dispuso de chances, no fueron nítidas (salvo un bombazo de Pillud y un cabezazo de Alcaraz) como tampoco fue claro el traslado y la confección. Entre el esfuerzo que pasó factura en términos de despliegue y lucidez y la falta de una referencia de área para un equipo que pasó a tirar centros (Reniero, amonestado, fue reemplazado en la reanudación), a Racing se le complicó, tanto que su afán cedió espacios en el retroceso y, a 10 minutos del final, padeció una contra a fondo que Zúñiga definió ancha.

La recompensa llegó con demora, pero tiene validez porque Racing jamás dejó de buscar, de discutir que el reparto era inapropiado en función de los méritos. Ahora, en Montevideo la clasificación a octavos de final podría quedar sellada y el primer lugar del grupo, recuperado.

 

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(Racing Club)

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