Apoyado en una delantera maravillosa dentro de un equipo que marcó diferencias claras, la Academia dirigida por Guillermo Stábile cortó con una sequía de 24 años sin campeonatos y dio el puntapié inicial de lo que sería la gloriosa gesta del tricampeonato. A 71 años de aquella conquista el agradecimiento por parte de la institución se mantiene inalterable.

Nuestra historia no empezó ayer y por lo tanto merece ser contada. Para saber quién es uno y hacia dónde va uno es fundamental conocer su propia historia; en especial cuando es tan rica y gloriosa como la de Racing. Y nuestra institución, con 117 años de vida, posee un pasado repleto de gloria, que tuvo a lo largo de tantos años a símbolos que forjaron la identidad colectiva del club, que desataron el amor de multitudes y que le entregaron la grandeza de la que todavía hoy disfruta. Por eso, como homenaje respetuoso y como saludo eterno, se los recuerda en las fechas que ya les pertenecen. A los ídolos académicos, simplemente gracias.

Una máquina. Una verdadera usina de goles. Las cifras lo demuestran: 87 conquistas en 34 presentaciones. El resultado es una capacidad ofensiva fuera de lo habitual. No hace falta ser adivino para darse cuenta de que aquel equipo, que ganó el campeonato de punta a punta, tenía atacantes de nivel superlativo que lo condujeron a la cúspide del fútbol argentino. Después de 24 años sin grandes logros, luego de que el torneo de 1948 se escapara por una huelga de jugadores, Racing se dio el gusto que tanto venía esperando el 23 de noviembre de 1949 y, tras ganarle a Boca por 2 a 1 como visitante, se consagró campeón con un rendimiento fantástico. Y este título fue además el primero de los eslabones que se entrelazaron hasta el 51 y que formaron la fenomenal cadena del tricampeonato conseguido por el la institución. 

La campaña del conjunto de Guillermo Stábile fue realmente brillante: 21 triunfos, 7 empates y tan solo 6 derrotas. En total, 49 puntos que le permitieron ubicarse 6 por encima de River y de Platense. Como le suele pasar a muchos equipos que viven pensando en el arco de enfrente, también sufrió en el área propia porque recibió 47 tantos, un promedio de 1,3 por presentación. Con tanto poder en la delantera, sobraron las goleadas a favor: un 6 a 1 a Lanús, un 5 a 2 a Independiente, un 6 a 2 Boca, un 6 a 1 a San Lorenzo, un 4 a 0 a Ferro, un 4 a 1 a Rosario Central, un 5 a 1 a Estudiantes y un 4 a 1 a Vélez. Números que sencillamente impresionan para la época.

De memoria salían esos cinco talentosos: Juan Carlos Salvini, Norberto Méndez, Rubén Bravo, Llamil Simes y Ezra Sued. Detrás de ellos, se paraban habitualmente Antonio Rodríguez, Higinio García, José García Pérez, Juan Carlos Fonda, Alberto Rastelli y Ernesto Gutiérrez. El grupo lo completaban Nicolás Palma, Julio Gagliardo, Donato Hernández, Saúl Ongaro, Rafael Arcos, Manuel Graneros, Juan Oroz, Mauricio Fuchs, Francisco Arbios, Alberto Favalli, Miguel Puertas, Manuel Ameal, Juan Sobrero, Miguel Ángel Dodero y Manuel Blanco. Fonda fue el que más jugó -34 encuentros- y Simes acabó como el máximo artillero, con 26 conquistas.

Con el orgullo de saber que las conquistas permanecen eternas e inaleterables en la memoria colectiva, Racing se pone de pie una vez más para recordar a las glorias que llevaron a la consagración al equipo, al cumplirse hoy 71 años de una hazaña inolvidable.

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(Racing Club)

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