Racing hizo un buen partido, con unos primeros 45 minutos en un nivel estupendo, y acumuló más situaciones para convertir que Nacional, pero perdió 1-0. Algunos desajustes lógicos por la inactividad de seis meses y la injusta expulsión de Solari fueron complicaciones en la segunda parte. Un dato ilustra que la derrota en la 3ª fecha del grupo F de la Copa Conmebol Libertadores no se ajustó a los sucesos en el campo: Sergio Rochet, arquero visitante, fue clave en los uruguayos.

Se sabía que las dificultades no eran parte de un relato ficticio. Que seis meses sin siquiera un amistoso formal para ganar rodaje planteaba una disparidad relevante, en especial para una reaparición en Copa Libertadores frente al rival más exigente del grupo F por antecedentes y por un regreso en forma, con muchos partidos (nueve oficiales) en el trayecto desde que, en Uruguay, se autorizó la reapertura competitiva. Pero todo eso no se advirtió, como si las palabreas de Sebastián Beccacece en la previa cobraran vigencia. Porque, como había anticipado el DT de Racing, el equipo fue por lo suyo, compacto y ambicioso, sin angustias ni temores por esa diferencia en la preparación.

Racing se llevó mucho menos de lo que debió haber recogido luego de 90 minutos en los que, salvo en el lapso inicial del segundo tiempo, impuso condiciones. Si los indicios marcan tendencias y brindan argumentos, entonces hay que señalar las tres ocasiones nítidas que Racing no pudo convertir en los primeros 45 minutos. Dos remates que Sergio Rochet, el 1 de Nacional, les tapó a Cvitanich y a Garré, y un centro del ex Manchester City que Cvita no pudo empujar en el área chica fueron consecuencia de un dominio que nacía de una salida limpia, ancha, con Pillud y Mena doblando las bandas con Fértoli y Garré; con Mirada exacto para el corte y el primer pase; con Solari activo y profundo en su reaparición luego de más de un año sin cancha, y con Garré pleno de destreza para desbaratar cerrojos. Racing era un movimiento armónico con presióin elevada y despliegue coordinado. ¿Fue todo perfecto? No, porque faltó el gol de la calma, la luz en el marcador que le habría dado tranquilidad para manejar el ritmo y los tiempos. Nacional se refugiaba por conveniencia y porque Racing lo obligaba a eso, tanto que apenas dispuso de una aproximación con un remate débil de Bergessio.

En la reanudación sí se advirtieron los rasgos que podían presumirse a raíz del semestre alejado del rigor competitivo. Racing se desajustó, los pases se hicieron imprecisos y Nacional se paró más cerca de Arias. Un pase al ras del arquero que tomó mal perfilado a Miranda derivó en una contra con un centro. Aludir a la mala fortuna sólo sirve para esconder los defectos; sin embargo, es arduo eludir la mención… Martínez barri´p justo, pero la pelota rebotó en su muslo derecho, se levantó y dio en su brazo derecho, levantado para lograr equilibrio. Más que la sanción del penal, lo que debe objetarse del juez chileno Cristian Garay es la expulsión de Solari a causa de dos amarillas cuestionables, sobre todo la primera.

Con 10 y espacios en su zona defensiva, Racing se expuso y Nacional pudo haber convertido otro gol. Pero eso, en el balance, no empareja. Porque una vez que se acomodó, en los últimnos 25 minutos, otra vez el equipo ocupó la zona ofensiva, más con pases largos que con combinaciones cortas, que le devolvieron supremacía. Un par de cabezazos de Reniero, otro de Alcaraz, una pelota que le quedó atrás al pibe y un derechazo de Pillud que Rochet sacó arriba confirmaron que el 0-1 fue uno de los tantos episodios casuales que la vida pone en el medio. 

Habrá que sacarse de la cabeza este capítulo insólito, pero algo deberá permanecer: la certeza de que este equipo siempre da la cara, no se esconde y se pone a la altura de los acontecimientos más severos.

Fotos: Conmebol.

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(Racing Club)

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