Hoy se cumple el segundo aniversario de la partida física de uno de los apellidos más ilustres de toda nuestra historia deportiva: Chabay. Proveniente de Racing de Montevideo, el gran Nelson llegó en 1966, directamente para ganar el título local. Se consagró también en la Copa Libertadores y dejó grabada su leyenda para siempre en Racing al ser titular en la final ante el Celtic que el dio al club la Copa Intercontinental. Uno ídolo académico que recordamos con emoción y respeto.

La afirmación resulta tan obvia como ineludible cuando se hace referencia hacia un pasado como el nuestro: Racing Club cuenta en su haber con 117 años de vida de una riquísima historia repleta de gloria. Y como eso ya es sabido, es también irrefutable el hecho de que luego de tantas jornadas a lo largo del tiempo fueron construidas por una larga lista de galería de símbolos que forjaron la identidad del club, desataron el amor de multitudes y le entregaron a nuestra institución la grandeza de la que todavía hoy disfruta. Nuestra historia no empezó ayer y merece ser contada, ya que es fundamental conocer la historia para saber quienes somos y hacia dónde vamos. Por eso, como homenaje respetuoso y como saludo eterno, se los recuerda en las fechas que ya les pertenecen. A los ídolos académicos, simplemente gracias. Ayer, hoy y siempre.

En su propia tierra, Nelson Chabay cumplió el sueño de cualquier futbolista: ser campeón del mundo. No lo hizo con la selección de su país sino con Racing, el primer club del fútbol argentino en consagrarse a nivel planetario. Todo ocurrió el 4 de noviembre de 1967, frente al Celtic Glasgow, en el Estadio Centenario. Integrante de la defensa del Equipo de José, titular en aquella jornada inolvidable, El Buche, como se lo conocía en el ambiente, defendió con uñas y con dientes la victoria en la mítica cancha ubicada en Montevideo, la ciudad que lo vio nacer el 29 de junio de 1940. 

Como si el destino fuera una cosa marcada, Chabay se formó como futbolista en Racing de Montevideo. Ahí hizo sus primeros pasos y ahí debutó en Primera a mediados de 1964. La Academia apostó por él en 1966 y lo trajo para que se sumara a un plantel con hambre de gloria. Aceptó venir y el tiempo le dio la razón: ganó el título local en 1966, la Copa Libertadores en 1967 y, claro, la Copa Intercontinental ese mismo año. Permaneció en la institución hasta 1971 y ahí pasó a Huracán, donde se quedó hasta 1977, la fecha de su retiro. Con el cuadro de Parque Patricios, obtuvo el Torneo Metropolitano de 1973.

Ya retirado de las canchas, tuvo una larga trayectoria como técnico. Pasó por Huracán, por San Martín de Tucumán, por Mandiyú, por Colón y nuevamente por Huracán. Por supuesto, también dirigió a Racing: entre 1990 y 1992, se sentó en el banco de suplentes del Cilindro con la esperanza de cortar la sequía de alegrías. Con el paso de los años regresó al Cilindro para varios de los homenajes al Equipo de José y siempre fue recibido de la mejor manera.

Hace dos años una cruel neumonía apagó su llama física a la edad de 78. Pero ni la muerte ni el paso del tiempo lograrán arrebatarle jamás el honor de formar parte de las páginas más gloriosas que Racing Club ha escrito hasta el momento. Tal es el mérito de las personas que se transforman en leyenda y a las que se recuerda más allá del paso del tiempo y de las generaciones. Y Nelson Chabay es uno de esos apellidos que trascienden al paso de las hojas en el calendario. Es un ídolo de nuestra historia. Se lo ha ganado. Por eso la institución siempre lo recordará del modo en que lo merece.

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(Racing Club)

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