El Machetero, que jugó con nuestros colores entre 1939 y 1941, no pudo lograr ningún título en el club pero se ganó un lugar de privilegio en el corazón de la hinchada debido a su contundencia delante del arco contrario, que lo transformó en uno de los goleadores más destacados de la época. Hoy la institución vuelve a recordarlo con cariño para dejar bien en claro que la grandeza de nuestra historia la construyeron también aquellos que no ganaron campeonatos.

Nuestra historia no empezó ayer y por lo tanto merece ser contada. Para saber quién es uno y hacia dónde va uno es fundamental conocer su propia historia; en especial cuando es tan rica y gloriosa como la de Racing. Y nuestra institución, con 117 años de vida, posee un pasado repleto de gloria, que tuvo a lo largo de tantos años a símbolos que forjaron la identidad colectiva del club, que desataron el amor de multitudes y que le entregaron la grandeza de la que todavía hoy disfruta. Por eso, como homenaje respetuoso y como saludo eterno, se los recuerda en las fechas que ya les pertenecen. A los ídolos académicos, simplemente gracias.

Solamente los grandes futbolistas consiguen ganarse en poco tiempo el afecto de los hinchas. Y solamente los jugadores fenomenales logran hacerlo sin obtener ningún título oficial. Realmente, hay que ser muy pero muy bueno con la pelota en los pies para lograr el cariño popular habiendo estado poco tiempo en el club y no habiendo ganado ningún campeonato. Eso mismo es lo que le sucedió a Delfín Benítez Cáceres, un tremendo delantero que vistió la camiseta académica entre 1939 y el 41, pero que logró apropiarse del reconocimiento popular a pesar de no conseguir levantar un trofeo durante su paso por nuestra institución. Vino directo desde Boca, donde se había coronado dos veces y luego partió a préstamo hacia Ferro. A lo largo de toda su carrera y en los clubes en los que le tocó jugar, demostró por qué fue uno de los jugadores más importantes de la historia del fútbol paraguayo. 

Nacido el 24 de septiembre de 1910 en Asunción, se afincó en la Argentina en 1932, cuando el cuadro de la Ribera puso los ojos en él. Cuando se le presentó la oportunidad, Racing no dudó en contratarlo y disfrutó enseguida de su contundencia delante del arco contrario: en su debut con la casaca celeste y blanca, el 2 de abril de 1939, le marcó a Independiente en un duelo que terminó con triunfo académico por 2 a 1. Lo paradójico es que repitió la escena en su última presentación, el 26 de octubre de 1941, en una victoria por 3 a 1 ante el eterno clásico. 

El Machetero, apodo con el que se lo conocía, disputó en el club 84 encuentros y convirtió 65 goles. Su promedio frente a la red fue de 0,77. Además, en el campeonato de 1940, terminó como el máximo artillero de la Primera División. Se retiró de la actividad en 1952, jugando para Sporting de Barranquilla. 

El 8 de enero de 2004, en Caracas, Benítez Cáceres falleció a los 93 años. Hoy se cumple un nuevo aniversario de su partida física, pero su recuerdo permanece inalterable en la memoria colectiva académica. Es por eso que el club lo recuerda de nuevo con el respeto que merecen los que hicieron grande a Racing. Porque la grandeza muchas veces no depende de levantar un trofeo. Se puede hacer historia sin salir campeón. Y la figura del Machetero con la casaca blanca y celeste adherida al pecho y la boca llena de gol resulta un ejemplo indiscutible de esa afirmación. 

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(Racing Club)

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